lunes 5 de septiembre de 2011

Memoria

En ocasiones la buena memoria es una ventaja. Recuerdo números, cédulas, rostros, letras de canciones y pequeños detalles que permanecen intactos por cantidades de tiempo extraordinariamente largas. Sí, tener buena memoria puede ser bueno bajo ciertas circunstancias, sobre todo cuando manejas más de 10 contraseñas, cada una con la longitud absurda de 20 caracteres, y sin ningún sentido visual ni conceptual que permita recordarlas fácilmente. En este caso, la buena memoria viene definitivamente acompañada de la paranoia. Es definitivamente ventajoso el recordar sin esfuerzo alguno cualquier dato que pudiera ser necesario durante un trámite. Los números de cuenta, de tarjeta, de suscripción, de afiliación y similares no están hechos para ser fácilmente previstos por un extraño, y por extensión son de complicada recordación. La buena memoria puede ser una bendición.

Y puede ser también una maldición, cuando no puedo olvidar ningún detalle de vos, y cuando tengo perfectamente impreso en mi mente que, en los márgenes de tu memoria fatal, nunca me recuerdas.
Aún cuando parece que alcanzara una soledad reconfortante, la maldición de mi memoria me trae tus soledades, mi soledades de tí, y es irremediable darse cuenta que aún las soledades, al juntarse, constituyen una multitud indeseable.

Mis soledades te saludan. Seguro mi memoria, maldita, no dejará de convocarlas.